Hay un dialogo en particular que la mayoría de quienes optamos por la alimentación vegana experimentaremos en algún punto de nuestras vidas:
Las prácticas de la alimentación vegana se manifiesta en formas paralelas de entenderla y llevarla a cabo, sabemos que el veganismo como filosofía de vida se comprende a través de la definición acuñada en 1944 por el fundador de la Vegan Society, Donald Watson: “un estilo de vida que puede cambiar al mundo al comer sólo del reino vegetal, al no consumir animales y al cuidar lo que se viste”.
Reflexionar acerca de lo que comemos y por qué lo comemos no es un tema que nos quite tiempo mental en el día a día. Generalmente si llegamos a pensar sobre ello, nos lo cuestionamos en términos de si el alimento es “bueno o malo” para nuestra salud y no a nivel de los ingredientes que contiene, de dónde provienen y cómo se obtienen.
Existe un meme sarcástico sobre el amor vegane, cómo es que se idealiza que la pareja lo sea o en su defecto, la soltería es la única alternativa. Muchas personas que practican esta postura y la permean en cada área de su vida tienen muy claro que desean encontrar a su vegan love, otres son más flexibles y pueden darse la oportunidad con alguien no vegane.
Existe una creencia alimentada en gran parte por los medios de comunicación, la cual consiste en identificar como vegane a cualquier personaje de la farándula que adopte la dieta basada en plantas por motivos de salud o medio ambientales. Si bien este manejo de información quizás no se haga de forma mal intencionada, sí tergiversa el significado real de la postura vegana, su práctica y su forma de vida.
Yo no soy mamá de Quinoa, no creció dentro de mí, no la parí, no compartimos ADN y no, definitivamente no somos de la misma especie. Sin embargo la críe, llegó a mí con escasos dos meses de edad y sin ningún sentido de la coordinación. La ayudé a desarrollarse, le di libertad al jugar para agudizar sus reflejos, le enseñé, aprendí con ella, la corregí, detecté sus inseguridades, las enfrenté con ella -muchas las seguimos trabajando-, atendí sus necesidades médicas y cual neófita, me documenté sobre la marcha. En resumen, la cuidé como a cualquier bebé que necesitaba que lo amaran.