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Cuando amigos y conocidos se enteran que soy vegana, lo segundo que me preguntan es: “¿pero es caro no?” Y de ahí vienen una serie de cuestionamientos que han nacido del imaginario popular. Es por ello que decidí compartirlos los mitos más comunes sobre el veganismo y la dieta basada en plantas.
Leer los ingredientes en las etiquetas de todo lo que compramos es una práctica común de quienes somos veganos y es algo que se vuelve hábito porque no nos queda de otra, muchísimas productos de consumo común llevan en sus fórmulas algo de origen animal, así que esa información en letras pequeñitas, a veces casi ilegibles, es la única forma que tenemos de saber si ese producto es vegano o no lo es.
Cuando comencé a escribir formalmente sobre el veganismo y los estilos de vida alternativos, pregunté a un grupo de amigas omnívoras que qué les gustaría saber sobre el tema y fueron de bastante ayuda. Uno de los tópicos que mencionaron me remitió a la creencia popular arraigada en la mente de muchas personas de que la proteína sólo se obtiene de la carne, lácteos, símiles y derivados. Y esto se convierte en un factor que preocupa muchísimo a quienes van a hacer la transición: el cómo sustituir las proteínas animales por las vegetales.