Esta reflexión surgió en una reunión familiar como escenario, hablando de Joaquin Phoenix, de su discurso al recibir el Premio Oscar, de su veganismo y del mío, etcétera. De repente mi hermano dijo en un tono muy despreocupado y light: “eso es una moda, va a pasar”. Todos asintieron con una expresión y continuaron la charla en esa línea. Yo me quedé callada, de esas veces que no hablas porque sabes que sin importar lo que digas de nada servirá. En el silencio meditaba que ni las personas más cercanas a mí comprendían la filosofía del veganismo, ni a ellas había impactado mínimamente y sentí una profunda decepción. Este modo de ver la vida rige todas mis acciones, mis decisiones y lo hago de corazón, con todo mi ser, hasta donde tengo alcance.
Yo no soy mamá de Quinoa, no creció dentro de mí, no la parí, no compartimos ADN y no, definitivamente no somos de la misma especie. Sin embargo la críe, llegó a mí con escasos dos meses de edad y sin ningún sentido de la coordinación. La ayudé a desarrollarse, le di libertad al jugar para agudizar sus reflejos, le enseñé, aprendí con ella, la corregí, detecté sus inseguridades, las enfrenté con ella -muchas las seguimos trabajando-, atendí sus necesidades médicas y cual neófita, me documenté sobre la marcha. En resumen, la cuidé como a cualquier bebé que necesitaba que lo amaran.
En octubre de 2019, Adrián López y Marte Cázarez lanzaron al mercado mundial “Desserto”, una piel vegana hecha a base de nopal cuya finalidad principal es la de reducir la huella ambiental en el proceso de producción, así como cumplir con todas las exigencias de la industria de la moda y la piel sintética. En una entrevista que realicé vía zoom a estos creadores mexicanos, Marte me contó que su innovación responde a una ausencia que Desserto vino a llenar.